viernes, 26 de abril de 2013

Lumen presenta una nueva (y preciosa) edición de ‘Un cuarto propio’ de Virginia Woolf, con prólogo de Kirmen Uribe e ilustraciones de Becca Stadtlander


Un cuarto propio.
Virginia Woolf.
Traducción de Jorge Luis Borges.
Prólogo de Kirmen Uribe.
Ilustraciones de Becca Stadtlander.
Lumen.
Formato: tapa dura con sobrecubierta. 17'5 x 25 cm.
128 páginas.
PVP: 19,90€.
Fecha de publicación: abril de 2013.

Escrito antes de cumplir los cincuenta años en el marco de una Inglaterra post-victoriana, mientras observa de soslayo cómo en Italia se produce una oleada de “autoafirmación de la virilidad” y lo que hoy llamaríamos “conciencia de género” se instala en el centro del debate sobre el presente, Un cuarto propio, está considerado, lo que no sabemos, strictu sensu, si satisfaría a su autora, como un pequeño gran clásico de la literatura feminista.  Escrito con un lenguaje sencillo y directo, a un tiempo irónico e incisivo, este ensayo en torno “a las mujeres y la novela” dirigido originalmente a un público femenino ponía sobre la mesa a finales de la década del 20 del pasado siglo temas todavía tan vigentes como la dependencia económica de la mujer con respecto al varón, su papel capital, y casi exclusivo, en el corazón de la vida doméstica, y su condición de musa inspiradora pero con escasa presencia en la práctica creativa.

“No hay marca en la pared para medir la precisa estatura de las mujeres. No hay medidas...que determinen las condiciones de una buena madre o el cariño de una hija, la fidelidad de una hermana o la capacidad de una ama de llaves”, escribe Virginia Woolf (Londres, 25 de enero de 1882-río Ouse, 28 de marzo de 1941) en un texto, basado en dos conferencias impartidas en la Sociedad Literaria de Newham y la Odtaa de Girton, en el que nos revela en un ejercicio de exquisita metanarrativa –deambulando por los libros, trayendo a la memoria evocaciones familiares, describiendo escenas y retazos de vida “corriente” mientras dialoga con sus a menudo enigmáticas predecesoras…–, cómo se despliega el propio curso de sus pensamientos a la hora de reflexionar sobre esas preguntas sin respuesta que le asaltan y sobre cómo ha evolucionado su propia reflexión, y la de los demás, al respecto a lo largo de los últimos siglos.
'Un cuarto propio' (Lumen, 2013). Del blog de la ilustradora Becca Stadtlander.
Woolf, que reelaboraría y ampliaría más tarde aquellas lecturas sin desposeerlas ni de su intención ni de su estilo primitivos, nos cuenta, entre otras cosas, cómo para escribir una novela una mujer, algo impensable en tiempos pretéritos a los que se remonta una y otra vez y en los que a la mujer se la alentaba a servir exclusivamente al marido, quitándole de la cabeza cualquier veleidad artística, tiene que tener un cuarto propio, una puerta con pestillo y comida caliente, esto es, libertad individual encarnada en una vida propia e independiente en la que el cultivo del espíritu no se entiende sin estar vinculado a una realidad material que se torna decisiva.

“La vida para todos nosotros, hombres y mujeres...es difícil, ardua: una lucha que no se acaba nunca y nos reclama mucho valor y fuerza. Bien mirado, lo que quizá nos reclame más que nada, siendo como somos criaturas hechas de vaguedades, es confianza en nosotros mismos.”

Woolf, no traza en esta obra un alegato despiadado contra los hombres pues, como Coleridge, piensa que las grandes mentes son andróginas y, por lo tanto, que resulta funesto tratar de actuar, de escribir, desde el sexo, explicándonos a cambio de qué modo la escritura en las mujeres dejó de ser percibida como un síntoma de locura al ir adquiriendo importancia práctica, al ser también posible, abriéndose paso a través de innumerables inconvenientes, llegar a convertirse para una serie de pioneras, entre finales del siglo XVIII e inicios del siguiente, en fuente de recursos económicos. El dinero, nos dirá, dignifica lo que es frívolo si no está pagado. Y, de este modo, frente a las presiones ambientales, la censura, el desaliento y las críticas desaforadas a las que deben hacer frente, las escritoras –lejos de la intención de la autora de La señora Dalloway hacer alabanza de su sexo– irán construyendo también un mundo propio, un mundo en el que las mujeres no se limitan a estar sentadas en el centro de la estancia, en el que pueden relacionarse directamente con la realidad sin pasar previamente por la mirada de los otros, en el que incluso, a veces, a las mujeres les gustan las mujeres.

Publicado ya en numerosas ocasiones en España –sin ir más lejos, traducido como Una habitación propia, en Seix BarralUn cuarto propio se nos presenta ahora resplandeciente en esta edición de Lumen además de con la traducción de Jorge Luis Borges, con un prólogo del escritor Kirmen Uribe y las maravillosas ilustraciones de la joven dibujante norteamericana Becca Stadtlander.

2 comentarios:

  1. Un claro ejemplo de que una edición bien cuidada (la portada es absolutamente deliciosa) es una tentación irrenunciable para quien aprecie la literatura. Tomo nota. Gracias por la reseña. Un saludo.

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  2. Gracias a ti, Ana.
    Desde luego que sí. Si a un texto maravilloso se le añaden los elementos que aquí confluyen, el resultado no puede ser más apetecible. Esto nos demuestra una vez más que la edición "tradicional" y la digital no sólo no son excluyentes sino que resultan perfectamente complementarias.
    Encantado de verte por aquí. Un saludo.
    E.L.

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