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jueves, 16 de mayo de 2013

El gran Gatsby: ¿la novela más traducida de la década?




Publicada en 1925, El gran Gatsby, pese a no haber sido demasiado bien acogida en vida del autor, está considerada, especialmente a partir de que en la segunda mitad del siglo XX fuese incorporada al canon de la literatura estadounidense, como una de las grandes novelas de Francis Scott Fitzgerald: “He leído su libro y es un buen libro”, escribió visionariamente Gertrude Stein tras su lectura.

Ahora, casi un siglo después de su aparición original, y coincidiendo con el inminente y esperado estreno en Cannes de la versión cinematográfica dirigida por el siempre espectacular Baz Luhrmann –al frente de un reparto del que destacan nombres como Leonardo DiCaprio o Carey Mulligan–, este imperecedero retrato de la alta sociedad estadounidense de los agitados (y mezclados) años veinte ha vuelto a cobrar actualidad aprovechando de el buen momento editorial por el que transita la obra del escritor estadounidense en el ámbito hispano, como evidencian el interés que despierta la vida de la familia, en especial en lo concerniente a la fascinante Zelda, o por citar un solo caso más, la reciente aparición de Cartas a mi hija.

Que un escritor de la talla de Scott Fitzgerald esté de plena actualidad es motivo de alegría. Nos produce pareja satisfacción a la que sentimos cuando vemos cómo otros grandes autores como André Gide, Charles Dickens, Jane Austen o, algo en principio inaudito, Thoreau, vuelven a reeditarse con asiduidad. Resulta esperanzador encontrarnos con ellos en las librerías frente a la implacable realidad de las listas de ventas. La perplejidad, sin embargo, asoma cuando de una novela, por importante que sea, como El gran Gatsby, comienzan a aparecer, como en una desbocada carrera, nuevas y más nuevas ediciones y traducciones en un lapso de tiempo tan reducido.

Si no tuviéramos otras pruebas igualmente contundentes de lo contrario, tendríamos que empezar a pensar en que el mercado editorial español se ha quedado sin ideas. Pero, sabemos que no es así. Bien está que la obra, suponemos, esté libre de derechos, ¿pero justifica esto el que todo el mundo quiera tenerla en su catálogo? ¿Cuántos ejemplares se venderán en total si sumamos todas las diferentes publicaciones? ¿Y qué lleva a un sello, por flamante que sea la traducción o el formato, a publicar una más sabiendo que acaba de salir al mercado otra docena de tiradas diferentes del mismo título? Y, no menos importante, ¿por qué sucede esto, en este preciso momento, con El gran Gatsby y no con novelas incluso tal vez más próximas a la sensibilidad de nuestra época como Santuario, El viejo y el mar o Las uvas de la ira?

En fin, mientras sigo buscándole alguna explicación a este enigma les dejo aquí, no es descartable que falte alguna, las portadas de las ediciones del libro que se han publicado en español sólo en los dos últimos años.  Sí, desde 2011 en adelante. Ya les dejo a ustedes el ir pensando también si no estaremos asistiendo al nacimiento de una nueva rama filológica: la Gatsbyología. 


Debolsillo
Paréntesis
Nórdica

RBA.
Reino de Cordelia.
Alfaguara.
Sexto Piso.
Alianza Editorial.
Losada.
Anagrama.
Anagrama. Compactos.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Reino de Cordelia nos presenta, con edición de Luis Alberto de Cuenca, una de las más bellas creaciones de madurez del Premio Nobel de Literatura Anatole France: ‘Tais’



Tais.
Anatole France.
Reino de Cordelia.
Traducción de Luis Contreras, revisada por L.A. de Cuenca.
Ilustraciones de Paul Albert Laurens.
Formato: 13 x 20 rústica con sobrecubierta y cuadernillos cosidos.
240 páginas.
Fecha de publicación: 18 de marzo de 2013
Precio: 16,50 €.

“Desde que se había retirado del trato de los hombres diez años antes, ya no hervía en la caldera de las delicias, y se maceraba provechosamente con los bálsamos de la penitencia. Así, al recordar un día, según su piadosa costumbre, las horas que había vivido lejos de Dios, y al examinar sus culpas una a una para concebir exactamente su deformidad, se le vino a la memoria una comedianta de gran belleza, llamada Tais, que vio en otro tiempo en el teatro de Alejandría.”

La bellísima Tais, cortesana de Alejandría, que vivió en el siglo IV después de Cristo en el Egipto romano, y que acabaría siendo canonizada como Santa Tais –la festividad de quien se convirtiera en una figura muy popular durante la Edad Media se conmemora en las Iglesias Católica, Ortodoxa y Copta cada 8 de octubre– tiene prendado al abad Pafnucio, obispo de la Tebaida Superior discípulo del célebre San Antonio Abad, que se empeña en redimirla, entre otros motivos, porque estaba loco por ella. El caso es que lo consigue, pues aquella que se le había aparecido por primera vez a la mente calenturienta del abad como “una Leda, muellemente tendida sobre un lecho de jacintos”, abandonó su vida de lujo y desorden e ingresó en un monasterio de religiosas por voluntad propia, sometiéndose durante cinco años a un estricto encierro en una celda mínima e insalubre, de la que salió solo para morir, eso sí, como se nos advierte en el prólogo, “en olor de santidad”.

Jacques-François-Anatole Thibault (1844-1924), más conocido por su seudónimo literario Anatole France, hijo de librero y librepensador, académico y dreyfusard, recurre a la historia del obsesivo Pafnucio, quien ve demonios hasta en sus bolsillos y quien en su empeño por salvarse y huir del diablo será siempre un desgraciado, y de la alegre y amorosa Tais, a la que ni la sobriedad del convento le arrebatarán la felicidad, para mostrarnos cómo el triunfo del deseo es capaz de alzarse en todas sus formas frente al cristianismo represor propio de la Francia que aún le tocó vivir al autor de Alfred de Vigny o El jardín de Epicuro.

Uno de los grabados de Paul Albert Laurens que recoge la edición.

“Aquella mujer se mostraba en los juegos y no temía entregarse a las danzas cuyos movimientos, acompasados con habilidad excesiva, recordaban los de las más horribles pasiones. También simulaba alguna de esas actitudes vergonzosas que las fábulas de los paganos prestan a Afrodita, a Leda o a Pasífae. Así abrasaba en el fuego de la lujuria a todos los espectadores, y cuando arrogantes jóvenes o ricos ancianos acudían, impulsados por el amor, a depositar flores en el umbral de su casa, ella los acogía y se les entregaba, de manera que al perder su alma daba motivo de que se perdieran muchas almas.

Poco había faltado para que indujese también a Pafnucio al pecado de la carne. Con el deseo encendido en sus venas, una vez se había dirigido a casa de Tais. Pero se detuvo en el umbral de la cortesana por la timidez natural de la extrema juventud (entonces tenía quince años) y por el miedo a verse rechazado, falto de suficiente dinero, porque sus padres no lo autorizaban a hacer derroches. Dios, en su misericordia, se valió de su timidez y de la prudencia paternal para librarlo de una horrible caída, pero de momento Pafnucio no comprendió lo que tenía que agradecer a la Providencia, inepto aún para discernir lo que más le convenía y ansioso de gozar terrenales dichas. Ahora, arrodillado en su celda ante el simulacro de aquel madero saludable de donde fue suspendido, como en una balanza, el rescate del mundo, Pafnucio comenzó a pensar en Tais, porque Tais era su pecado, y meditó largo tiempo, según las reglas del ascetismo, acerca de la fealdad espantable de las delicias carnales, cuyo gusto le había inspirado aquella mujer en los días de agitación y de ignorancia. Después de algunas horas de meditación, la imagen de Tais se le apareció con resplandeciente claridad. Volvió a verla como en el momento de la tentación, bella según la carne.”

Inspiradora de la obra del mismo nombre de Jules Massenet, esta historia publicada por Reino de Cordelia cuya traducción ha sido revisada por el poeta Luis Alberto de Cuenca, bibliófilo, gran conocedor de las letras francesas y apasionado de este periodo, que también se hace cargo del prólogo y la edición, viene acompañada de los admirables composiciones grabadas al aguafuerte del pintor francés Paul Albert Laurens que aparecieron en la edición auspiciada por la Librairie de la Collection des Dix (París, 1900).

 Nos encontramos de este modo ante una obra recuperada ciento veintidós años después de su primera aparición como publicación exenta, que sirve, además, para reivindicar la figura con frecuencia menoscabada de quien fuera premio Nobel de Literatura en 1921, de un autor que se rodeó de lo más granado de la cultura gala de su tiempo, dejando su nombre inscrito junto a los de Verlaine, Leconte de Lisle, Mallarmé o Maupassant en el Parnaso de las letras contemporáneas. Sin embargo, como en su día señaló Kundera, quien lo tuvo en gran estima, France había caído en la “lista negra”. Como nos dice De Cuenca en su introducción:

“Anatole France es un autor injustamente denostado por los surrealistas y lo suficientemente olvidado como para exigir, a juzgar por su enorme fuerza narrativa, su profundidad psicológica y su capacidad descriptiva fuera de lo común, una vindicación entusiasta como la que emprendemos hoy con esta reedición de su maravillosa novela
Thaïs”.
  • Puede adquirir Tais de Anatole France aquí.

martes, 4 de diciembre de 2012

Reino de Cordelia publica la historia, hasta ahora inédita en España, de Maurice Walsh en que se basó John Ford para su filme ‘El hombre tranquilo’



El hombre tranquilo.
Maurice Walsh.
Traducción de Susana Carral.
Prólogo de Javier Reverte.
Reino de Cordelia.
400 páginas.
Formato: rústica hilo con sobrecubierta. 13 x 2o cm.
PVP: 20,50 €.


No siempre lo obvi0 manda. Y así, resulta un tanto inconcebible que el relato que dio pie a la creación de una de las películas más importantes del siglo XX, clave dentro de de la filmografía de John Ford, no se hubiese volcado hasta este momento en nuestro idioma. Pero, al parecer, así era hasta que han llegado los de Reino de Cordelia para ponerle remedio.

No eran demasiados, por tanto –descontando a los seguidores de la obra del cineasta irlandés–quienes conocían que el autor que se escondía tras The Quiet Man era Maurice Walsh, ni que este relato corto en el que está basado la cinta apareció por primera vez en el Saturday Evening Post siendo adquiridos sus derechos, así se cuenta, por John Ford en 1936 por tan sólo diez dólares.

Como saben, este año se cumplen 60 años del estreno del filme, lo que pone de manifiesto que durante mucho tiempo el proyecto de llevar a la pantalla la historia del boxeador norteamericano interpretado por John Wayne que regresa a su Irlanda natal para hallar la paz, encontrando la guerra en brazos de la hermosa y casi indomable Maureen O´Hara, estuvo dando vueltas dentro de la cabeza  de este irlandés emigrado. Las crónicas nos hablan de que Ford compartió en ese intervalo con algunos de sus allegados el sueño de  llevar a buen puerto aquella historia y que la propia O’Hara, de la que dicho sea de paso estaba febrilmente enamorado, llegó a anotar algunas de las ideas que el realizador le iba dictando sobre el proyecto.

Finalmente, y después de que el escritor Richard Llewellyn, autor de la novela en que se basó la ganadora al Oscar de 1941 a mejor película Qué verde era mi valle, comenzara a perfilar el guión, El hombre tranquilo llegó a las manos de otro mítico guionista como Frank S. Nugent (autor del script de la inconmensurable The Searchers, o como se la conoce en España, Centauros del desierto). Apoyándose en el relato, en las notas de Ford y en una amplia selección de libros sobre Irlanda (que el propio director le había suministrado) Nugent dio forma en apenas dos meses al magnífico guión de El Hombre Tranquilo.

Cartel de la película de John Ford, estrenada en 1952.
Ensombrecido el relato por la película no sería tan extraordinario (sin dejar de llamar la atención) que hubiese permanecido hasta ahora inédito en España si no fuera porque la obra llegó a ser un bestseller internacional. El texto, como recoge la cinta, nos muestra una inolvidable historia de amor sobre el telón de fondo que perfila el arraigado costumbrismo local, pero también una naturaleza exuberante donde pervive la leyenda y la amistad de un grupo de hombres y mujeres que han luchado en el Ejército Republicano Irlandés por la independencia de su país.

Maurice Walsh (Ballydonoghue, condado de Kerry, 1879 - Blackrock, Dublín 1964), aunque murió en un suburbio de Dublín que un día fue una aldea de pescadores, había nacido en el campo, habiéndole inculcado su padre el amor por los libros, los caballos y las viejas historias de la tradición oral irlandesa. Tras prepararse para ser funcionario público en el St. Michael´s College de Listowel, a los 22 años fue enviado a Escocia para incorporarse al Servicio de Aduanas e Impuestos Especiales. Fue allí donde comenzó a publicar sus primeros trabajos literarios en el Irish Emerald.

Cuando en 1922 se proclamó el Estado Libre de Irlanda fue trasladado a Dublín. En esa etapa escribió su primera gran obra, The Key Above the Door, que sería muy celebraba por James Matthew Barrie, el creador de Peter Pan. Maurice. El mismo año, 1933 en que se consagraba por entero a la escritura apareció en la revista norteamericana The Saturday Evening Post el relato “El hombre tranquilo”, la primera historia de Green Rushes, el libro que le daría fama internacional.

Entre el resto de la obra, alabada de manera encomiástica por figuras como Hemingway,  de este destacado nacionalista irlandés –condición que se refleja en todas sus obras– hay que mencionar The Road to Nowhere (1934), The Spanish Lady (1943), A Strange Woman´s Daughter (1954) y Danger Under the Moon (1956).
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