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lunes, 8 de abril de 2013

Philip Coggan indaga en las causas de la actual crisis económica en ‘Promesas de papel: El dinero, la deuda y un nuevo paradigma financiero’, primera novedad de primavera de El Hombre del Tres


Mapa del Índico incluido en Monzón, de Roberd D. Kaplan (El Hombre del Tres, 2012)


Mientras todavía hago la digestión tras mi morosa lectura del apasionante Monzón. Un viaje por el futuro del océano Índico –obra a la que debo una mirada más detenida, que espero compartir en este blog en breve–, tengo noticia de la aparición de dos nuevos títulos de El Hombre del Tres, editorial madrileña fundada en 2012 que, muy espigadamente, viene poniendo al alcance los lectores una serie de obras escritas por autores de gran prestigio que, en medio de estos tiempos borrascosos, tratan de arrojar luz sobre algunas de las cuestiones más sensibles del momento y que más interés pueden, por tanto, despertar entre aquellos asiduos a intentar buscar respuestas a las grandes claves de la actualidad fuera de los cauces mediáticos convencionales. Al fin y al cabo, es a ellos a quienes van dirigidos los libros que está poniendo en circulación ese “viajero infatigable, anglófilo convencido y ávido lector de libros de ensayo”, ese enigmático “defensor de la importancia de las bibliotecas donde aprender y los pubs donde poner a prueba sus ideas”, que se esconde –y cuya identidad, aunque no sea relevante para el caso, sinceramente desconocemos–detrás de este sustancioso sello.

De este modo, a una lista que integran, además del aludido al inicio, textos tan sugestivos y controvertibles como Sangre y pertenencia de Michael Ignatieff, Keynes, su tiempo y el nuestro de Luis Ángel Rojo, o La reforma necesaria. Cómo salvar las pensiones de Peter Diamond y Nicholas Barr, vienen a sumársele para esta primavera dos novedades de enorme interés, que suponen sendas invitaciones a sumergirnos en dos grandes temas de nuestro tiempo, por otra parte, claramente interconectados. De dinero y de geoestrategia, hablamos.

Promesas de papel: El dinero, la deuda y un nuevo paradigma financiero.
Philip Coggan.
Traducción de Inga Pellisa.
El Hombre del Tres.
400 páginas.
PVP: 24€.
Fecha de publicación: abril de 2013.

Considerado por The Guardian como “el análisis más lúcido sobre la crisis escrito hasta la fecha”, Promesas de papel analiza las causas de la actual crisis económica y sus consecuencias regresando a las cuestiones fundamentales acerca de lo que es el dinero.

Philip Coggan, en la actualidad editor para Mercados de Capitales de The Economist y quien trabajara en el Financial Times durante más de veinte años, examina en el que supone su cuarto libro la defectuosa estructura de los sistemas financieros globales y se pregunta, ante los profundos desajustes que el mundo padece hoy en día, qué es lo que está realmente en juego, concluyendo que la crisis actual va a suponer un radical cambio en los paradigmas económicos y políticos tradicionales.

Tarjetas de crédito, hipotecas, préstamos… Quién se libra. Ciudadanos, empresas y estados hemos creado un sistema donde la deuda tiene un papel fundamental, pero, se pregunta Coggan, ¿de dónde viene? ¿Tenemos clara su relación con el dinero? ¿Y bajo qué tipo de promesas se sustenta el sistema económico moderno? 

Y en mayo, vuelve Robert D. Kaplan.

Después de viajar con él a través del Índico hace sólo unos meses gracias a Monzón, quien fuera de de 2009 a 2011 miembro del Defense Policy Board, el principal consejo de asesores del Departamento de Defensa de Estados Unidos, regresa ahora con la intención de descubrirnos otro rincón del mundo tan desconocido como fundamental. 

En Rumbo a Tartaria, Robert D. Kaplan se sitúa al frente de una expedición que nos conducirá por la volátil región que se extiende desde las nuevas fronteras de Europa hasta el mar Caspio, narrando el trágico pasado e incierto futuro de esta inestable frontera entre Oriente y Occidente, que abarca varios de los países que determinan la política internacional actual: Siria, Líbano e Israel y aquellos situados entre Turquía y Asia Central, donde los nuevos yacimientos de petróleo y gas están transformando económicamente la región.

Como en el anterior trabajo, a través de la combinación de entrevistas con políticos e intelectuales de cada país y un lúcido y original análisis histórico, Kaplan permite al lector acercarse a los retos a los que se enfrenta esta región y entender por qué es, y continuará siendo, tan relevante para la política y economía mundial.

jueves, 20 de diciembre de 2012

David Graeber traza en 'En deuda' una historia del crédito y de las instituciones financieras que desmonta algunos de los mitos sobre el dinero que sustentan la actual crisis



En deuda.
David Graeber.
Traducción de Joan Andreano Weyland.
Ariel.
720 páginas.
Formato: Rústica con solapas.
PVP: 25,90 €. Ebook: 15,99€.
Fecha de publicación: septiembre de 2012.

En un año tan marcado por la interminable crisis que nos azota, nada tiene de particular que El librófago haya dado cuenta, siquiera de forma breve –durante el día de Huelga general en España, sin ir más lejos–, de algunos de esos títulos que en el campo de la economía, el pensamiento y la sociología, pueden ayudarnos a arrojar algo de luz sobre algunos de los males de nuestro sombrío tiempo.

Uno de esos libros, publicado a comienzos de este otoño por Ariel, es el que firmaba el doctor en Antropología y profesor del Goldsmiths College de Londres, David Graeber, quien en su último ensayo publicado hasta la fecha, En deuda, nos brindaba su particular análisis sobre la naturaleza del dinero y las instituciones financieras que tienen el destino del mundo en sus manos, con la intención de desmontar algunas de esas ideas que permanecen incrustadas en nuestra conciencia colectiva y superarlas conociendo cuál es la verdadera historia de la economía, o lo que es lo mismo, de la relación del ser humano con el vil metal.

En cualquier manual de economía podemos leer que el dinero se inventó para dar solución a la complejidad creciente de los sistemas de trueque. Sin embargo, para este reputado antropólogo reconocido por su labor por la propia (y nada anarquizante) London School of Economics, y uno de los líderes del movimiento Occupy Wall Street, no hay evidencia alguna que sustente esta aseveración. Y así, durante las más de 700 páginas (en realidad con 500 más 200 de notas y bibliografía) que conforman el volumen se dedica, contra Adam Smith, entre otros, a exponer una historia alternativa a la aparición del dinero y los mercados, analizando cómo la deuda ha pasado de ser una obligación económica a una obligación moral.  O como el autor señala:
“El factor crucial, y un tema que se explorará a fondo en estas páginas, es la capacidad del dinero de convertir la moralidad en un asunto de impersonal aritmética, y al hacerlo, justificar cosas que de otra manera nos parecerían un ultraje o una obscenidad.”
De este modo, remontándose a los primeros imperios agrarios, Graeber traza una crónica genealógica acerca de cómo los humanos –que llevan milenios utilizando sistemas de crédito para vender y comprar bienes, antes incluso de la invención de la moneda– han creado por primera vez en 5.000 años una sociedad dividida entre deudores y acreedores, con instituciones erigidas con la voluntad única de proteger a los prestamistas.

El siguiente pasaje, en el que se arriesga una de sus principales conclusiones, nos ayudará a hacernos una visión más aproximada de lo que podremos encontrar en uno de esos libros de historia económica para ciudadanos atribulados y perplejos:
“¿Por qué la deuda? ¿Qué hace que este concepto sea tan extraordinariamente poderoso? La deuda de los consumidores es la sangre de nuestra economía. Todos los estados-nación modernos están construidos sobre la base del gasto deficitario. La deuda se ha erigido en tema central de la política internacional. Pero nadie parece saber exactamente qué es ni qué pensar de ella.

El mismo hecho de que no sepamos qué es la deuda, la propia flexibilidad del concepto, es la base de su poder. Si algo enseña la historia, es que no hay mejor manera de justificar relaciones basadas en la violencia, para hacerlas parecer éticas, que darles un nuevo marco en el lenguaje de la deuda, sobre todo porque inmediatamente hace parecer que es la víctima la que ha hecho algo mal. Los mafiosos comprenden perfectamente esto. También los comandantes de los ejércitos invasores. Durante miles de años los violentos han sabido convencer a sus víctimas de que les deben algo. Como mínimo, que «les deben sus vidas», una frase hecha, por no haberlos matado.”

sábado, 8 de diciembre de 2012

Bajo el título 'Normalidad de la crisis/crisis de la normalidad' los investigadores Luciana Cadahia y Gonzalo Velasco coordinan una obra colectiva sobre los discursos del poder



Normalidad de la crisis/crisis de la normalidad.
Luciana Cadahia y Gonzalo Velasco.
Katz.
Formato: Rústica. 15,5 x 23 cm.
221 páginas.
Fecha de aparición: diciembre de 2012.

La actual crisis económica y social está generando una ingente bibliografía prácticamente inabordable incluso para quienes desde las ciencias sociales se encargan de medir su alcance, analizar sus causas y predecir sus efectos en el medio y largo plazo. Aunque muchas de esas aproximaciones se producen en el ámbito académico anglosajón también en la órbita hispana no dejan de aparecer oportunamente obras de que desde una perspectiva política, sociológica o filosófica (y sus numerosas variantes casi siempre interdependientes) tratan de arrojar luz sobre este tema de nuestro tiempo.

Como nos recuerdan los autores de Normalidad de la crisis/crisis de la normalidad, el relato de la crisis se ha instalado en el discurso contemporáneo como el único marco posible para pensar nuestra actualidad. El discurso de la austeridad que enarbolan desde las élites políticas y económicas así como la victimización de la población (que ejemplifica ese ya célebre mantra de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”) ni es inocente ni carece de consecuencias, implicando, según sostienen, una domesticación simbólica y la adscripción a cierta tradición narrativa, en los términos de un relato de evolución o decadencia. La crisis sería, así, un momento de inflexión dentro de ese movimiento más amplio que el historiador alemán Reinhardt Koselleck describió como el ciclo “nacimiento-destrucción-muerte-regeneración”. 

Dividido en tres bloques (“Crisis y filosofía”, “Crisis y ontología” y “Crisis y política”) Normalidad de la crisis/crisis de la normalidad busca poner en movimiento la idea misma de crisis y trata de problematizar el dispositivo en el que el término se inscribe. Esto es, observar en qué medida la prevención, la precaución y los dispositivos que la implementan permiten que sea una ocasión para la reafirmación del orden. El cometido, por tanto, que tanto no descansa en el apresurado e ingenuo intento de ofrecer “una solución a la crisis”, sino más bien en detenernos a pensar los distintos significados y usos de este término. Se trata, en fin, de proponer un juego de dislocación del aparato simbólico articulado en torno a la representación del valor que se le otorga.

 La finalidad de este libro colectivo dirigido por los jóvenes investigadores Luciana Cadahia y Gonzalo Velasco, miembros ambos del proyecto de investigación coordinado por Félix Luque “Pensar Europa: democracia y hegemonía en la era tecnológica”, no descansaría en el apresurado e ingenuo intento de ofrecer “una solución a la crisis”, sino más bien en detenernos a pensar en los distintos significados y usos del término. A fin de cuentas, la propuesta consiste en elaborar un juego de dislocación, esto es, un desplazamiento del aparato simbólico articulado en torno a la re-presentación del valor otorgado a la crisis y las posibilidades imprevisibles que puedan surgir de esta experiencia tanto en términos filosóficos como ontológicos y políticos.

 Nos podemos formar una idea más clara de qué se propone esta obra publicada por Katz en España a finales de este 2012 y que verá también en unos meses la luz en Argentina, a través del fragmento del estimulante prólogo que recogemos a continuación:
“La nueva alianza entre los poderes financieros y nuestros gobernantes pone en entredicho la existencia del pacto social. El mecanismo de la crisis funciona como el estado de excepción propicio para socavar los últimos cimientos de las sociedades europeas. Así, la crisis se ha instalado en el debate actual como un marco categorial incuestionable a la hora de pensar nuestro presente. A la vez que implica una domesticación simbólica y la adscripción a cierto juego especulativo de la austeridad y el sacrificio. El trasfondo que pone en movimiento esta especulación es la metáfora de una mala gestión de la economía doméstica. Los países de la Unión Europea serían los miembros de una gran familia que ha vivido por encima de sus posibilidades y no ha sabido establecer una coordenada correcta entre el crédito y el consumo. La consecuencia de este exceso habría dado lugar a una anomalía sistémica, un desvío incontrolable desde los parámetros normales del gasto y el ahorro. De este modo, la crisis sería un momento de inflexión dentro de un movimiento más amplio comprendido en el marco implícito de “nacimiento-destrucción-muerte-regeneración”. La excepcionalidad de las nuevas medidas tendrían un carácter transitorio, cuya única finalidad sería la de restaurar un orden económico alterado. El ritual mágico-jurídico de la austeridad debería devolver la confianza en los mercados.

Pero detrás de este velo de maya de la restauración, tiene lugar una profunda transformación de la naturaleza misma de la sociedad. Ahora bien, el sacrificio de la austeridad supone no sólo la desaparición de los derechos básicos de los ciudadanos, sino el precio que los países de la Unión Europea deben pagar para volver a ser fiables. Sin embargo, la fe atribuida a las políticas de austeridad no logra la anhelada salvación que prometía el ritual sacrificial de los devotos técnicos de la economía. Si abandonamos la especulación en sentido económico y la consideramos en términos estrictamente filosóficos, descubrimos que este esquema es insuficiente para comprender lo que está en juego en esta crisis financiera. El misterio especulativo de la austeridad y el sacrificio encierra un juego peligroso. Esto es, un mecanismo que, al inyectar la dosis justa de riesgo e imprevisibilidad en los mercados, propicia una mayor inmunidad al capital financiero. Cuanto más riesgo, más legitimado se encuentran los poderes financieros para ejercer su poder en las instituciones y subsumir a su lógica todas las esferas de la vida política contemporánea. La crisis, entonces, se convierte en un mecanismo de normalización y ocultamiento de los cambios que precisa el actual poder para seguir expandiéndose. La especulación financiera ya no necesita de un pacto social para subsistir. Por tanto, deberíamos hablar de una crisis previsible, es decir, una crisis que ya está de antemano subsumida en un orden que precisa transformar la naturaleza misma de la sociedad y las instituciones para seguir funcionando. ¿En dónde radica la efectividad del dispositivo de la crisis?

Probablemente en su capacidad para hacer de los sujetos que padecen la crisis el medio de su constante consolidación. Además de servir como marco explicativo, la metáfora de la mala gestión de la economía doméstica introduce un valor subrepticio: la culpa generalizada por un exceso del que todos seríamos responsables. Se trataría ahora de
“volver a la senda de la austeridad" tras un divertimento excesivo, en el que están incluidos el grueso de los mecanismos estatales de la solidaridad social. Con el reparto generalizado de la culpa implícito en el discurso sobre la austeridad y el sacrificio, el carácter orgánico del vínculo social pasa a ser percibido como un lujo prescindible. Este efecto moralizador se constata, incluso, en algunas de las reacciones instintivitas de reprobación, que se limitan a denunciar la obscenidad de las cifras a las que ascienden los sueldos y las indemnizaciones cobradas por los dirigentes políticos y financieros. La contrapartida simétrica de este efecto es la recompensa electoral de aquellos partidos cuyo mensaje se centra en la recuperación de una honestidad ceñida a cuestiones superficiales que dejan intacto el carácter estructural del problema.

Resultado de la insistencia de las instituciones políticas en la necesidad del sacrificio, así como del morboso goce con el que los medios de comunicación recrean el discurso de aquellas, el radical menoscabo en las condiciones materiales de vida es experimentado con la conciencia satisfecha del que cree estar contribuyendo a la recuperación del orden colectivo. La regeneración implícita en el discurso sobre la crisis, en definitiva, conlleva una devaluación de la dignidad de la normalidad vivida. La performatividad de este discurso comienza con la experiencia de la degeneración irreversible del orden vigente, que es a partir de entonces vivido como una falsa apariencia, incapaz ya de disimular la insoslayable realidad de los hechos. Por consiguiente, la nueva normalidad prepara el terreno de una subjetividad obediente y sumisa, puesto que son los novedosos mecanismos de sujeción los que están propiciando el advenimiento del orden que viene, a la vez que neutralizan la capacidad de reacción ante las medidas legislativas y ejecutivas que lo implementan.  
En definitiva, la ilusión de contribuir mediante el sacrificio al bienestar colectivo, así como el carácter persuasivo del nuevo marco legal, fundamentalmente aquellas leyes laborales destinadas a limitar los derechos y la autonomía del trabajador, tienen un efecto despolitizador que permite la consolidación efectiva de un sistema de dominación destinado a administrar el reparto de la desigualdad. Y, sin embargo, sobre todo estamos asistiendo a una diversidad de movilizaciones populares como intentos de remover ese dispositivo de normalización la crisis. En la proclama “esta crisis no la pagamos”, escuchada en las plazas españolas, hay una negación del reparto social de la responsabilidad de la crisis buscado por el discurso del sacrificio y la austeridad. Desprestigiadas por su dificultad para formularse en una propuesta sistemática, estas protestas han logrado denunciar el carácter ideológico del discurso sobre la crisis desde el rechazo de la vivencia cotidiana de sus efectos. En nuestro parecer, la filosofía no debe limitarse a dar acta conceptual de estas iniciativas populares, ni a "elevarlas a concepto” como si, pese a tener razón, aquellos que se sublevan “no supieran lo que hacen". Al contrario, la resistencia a la normalización de la crisis adquiere una dignidad crítica de la que la filosofía tiene que ser una de sus manifestaciones. Por ello, con este libro no nos limitamos a una deconstrucción del léxico político interno al canon filosófico. Es cierto que buscamos identificar el dispositivo discursivo de la crisis y desarticular los mecanismos de poder que en él operan. No obstante, el valor político de esta tarea deconstructiva es insuficiente si no está atenta a la inteligencia implícita que nace de la experiencia popular de la crisis y de la manifestación colectiva de su rechazo.”
Nomalidad de la crisis/crisis de la normalidad incluye textos de: Iván de los Ríos, Gabriel Aranzueque, David Sánchez Usanos, Patxi Lanceros, Antonio Gómez Ramos, Ana Carrasco-Conde, Alberto Pirni, Valerio Rocco, Luciana Cadahia, Alex Colás, Gonzalo Velasco, Luciana Cadahia y Gonzalo Velasco.
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