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sábado, 23 de febrero de 2013

Ariel presenta ‘Etimologicón’, un trabajo de Javier del Hoyo que rastrea de forma amena el sorprendente origen de nuestras palabras y sus extrañas conexiones por los recovecos del idioma



Etimologicón.
Javier del Hoyo.
Ariel.
Formato: 14,5x23 cm.
240 páginas.
PVP: 18,90. ePub: 12,99€.
Fecha de publicación: febrero de 2013.

Inspirándose en The Etymologicon, obra que ha tenido un gran éxito en Reino Unido, Javier del Hoyo, doctor en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor Titular de Filología Latina en la Universidad Autónoma de Madrid, donde imparte, desde 1984, lecciones de Latín medieval, Mitología clásica y Epigrafía latina, ha aceptado el reto de elaborar esta obra publicada a principios de febrero por Ariel en la que profundiza en el sorprendente origen de nuestras palabras y sus extrañas conexiones.

Etimologicón, nos cuentan sus reponsables, no es un diccionario, ni un tratado técnico, ni entra en disquisiciones lingüísticas o filológicas. En lugar de un listado frío de palabras, una detrás de otra, trata de explicar los orígenes y la evolución  –muchas veces curiosa, inesperada o hasta divertida–  de una serie de palabras del español, hiladas en torno a un tema determinado y con estilo narrativo.

Complementaria de otros trabajos recientes que recogen aspectos curiosos de nuestra lengua, como el Compendio ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua castellana, los 33 capítulos del libro nos ofrecen un recorrido por los recovecos del lenguaje, invitando al lector a recorrer caminos que se bifurcan dando sentidos opuestos a palabras con un mismo origen, o a la influencia de la cultura y la religión en nuestro lenguaje cotidiano: del cálamo al caramelo, de la bici a la enciclopedia, del cuaderno a la cuaresma.

Javier del Hoyo, quien colabora también habitualmente en la revista Stilus con una sección sobre etimologías, nos ofrece aquí un libro curioso y divertido que nos hará, también merced a las ilustraciones que lo acompañan, conocer más profundamente nuestra lengua y la riqueza semántica que esconde. 

Puede adquirir Etimologicón aquí.

jueves, 20 de diciembre de 2012

David Graeber traza en 'En deuda' una historia del crédito y de las instituciones financieras que desmonta algunos de los mitos sobre el dinero que sustentan la actual crisis



En deuda.
David Graeber.
Traducción de Joan Andreano Weyland.
Ariel.
720 páginas.
Formato: Rústica con solapas.
PVP: 25,90 €. Ebook: 15,99€.
Fecha de publicación: septiembre de 2012.

En un año tan marcado por la interminable crisis que nos azota, nada tiene de particular que El librófago haya dado cuenta, siquiera de forma breve –durante el día de Huelga general en España, sin ir más lejos–, de algunos de esos títulos que en el campo de la economía, el pensamiento y la sociología, pueden ayudarnos a arrojar algo de luz sobre algunos de los males de nuestro sombrío tiempo.

Uno de esos libros, publicado a comienzos de este otoño por Ariel, es el que firmaba el doctor en Antropología y profesor del Goldsmiths College de Londres, David Graeber, quien en su último ensayo publicado hasta la fecha, En deuda, nos brindaba su particular análisis sobre la naturaleza del dinero y las instituciones financieras que tienen el destino del mundo en sus manos, con la intención de desmontar algunas de esas ideas que permanecen incrustadas en nuestra conciencia colectiva y superarlas conociendo cuál es la verdadera historia de la economía, o lo que es lo mismo, de la relación del ser humano con el vil metal.

En cualquier manual de economía podemos leer que el dinero se inventó para dar solución a la complejidad creciente de los sistemas de trueque. Sin embargo, para este reputado antropólogo reconocido por su labor por la propia (y nada anarquizante) London School of Economics, y uno de los líderes del movimiento Occupy Wall Street, no hay evidencia alguna que sustente esta aseveración. Y así, durante las más de 700 páginas (en realidad con 500 más 200 de notas y bibliografía) que conforman el volumen se dedica, contra Adam Smith, entre otros, a exponer una historia alternativa a la aparición del dinero y los mercados, analizando cómo la deuda ha pasado de ser una obligación económica a una obligación moral.  O como el autor señala:
“El factor crucial, y un tema que se explorará a fondo en estas páginas, es la capacidad del dinero de convertir la moralidad en un asunto de impersonal aritmética, y al hacerlo, justificar cosas que de otra manera nos parecerían un ultraje o una obscenidad.”
De este modo, remontándose a los primeros imperios agrarios, Graeber traza una crónica genealógica acerca de cómo los humanos –que llevan milenios utilizando sistemas de crédito para vender y comprar bienes, antes incluso de la invención de la moneda– han creado por primera vez en 5.000 años una sociedad dividida entre deudores y acreedores, con instituciones erigidas con la voluntad única de proteger a los prestamistas.

El siguiente pasaje, en el que se arriesga una de sus principales conclusiones, nos ayudará a hacernos una visión más aproximada de lo que podremos encontrar en uno de esos libros de historia económica para ciudadanos atribulados y perplejos:
“¿Por qué la deuda? ¿Qué hace que este concepto sea tan extraordinariamente poderoso? La deuda de los consumidores es la sangre de nuestra economía. Todos los estados-nación modernos están construidos sobre la base del gasto deficitario. La deuda se ha erigido en tema central de la política internacional. Pero nadie parece saber exactamente qué es ni qué pensar de ella.

El mismo hecho de que no sepamos qué es la deuda, la propia flexibilidad del concepto, es la base de su poder. Si algo enseña la historia, es que no hay mejor manera de justificar relaciones basadas en la violencia, para hacerlas parecer éticas, que darles un nuevo marco en el lenguaje de la deuda, sobre todo porque inmediatamente hace parecer que es la víctima la que ha hecho algo mal. Los mafiosos comprenden perfectamente esto. También los comandantes de los ejércitos invasores. Durante miles de años los violentos han sabido convencer a sus víctimas de que les deben algo. Como mínimo, que «les deben sus vidas», una frase hecha, por no haberlos matado.”

miércoles, 29 de agosto de 2012

'Política para bufones' o la sátira como última resistencia


Política para bufones. Una historia alternativa del poder y sus teóricos.
Pedro González Calero.
Ariel.
Libro (Rústica con solapas): 17.00 €
Libro Electrónico (Epub): 11.99 €

Tras el éxito logrado con sus obras La sonrisa de Voltaire o Filosofía para bufones -libro éste que pronto estará disponible también en edición de bolsillo-, Pedro González Calero vuelve a la carga para dar su particular y mordaz repaso a la historia de la teoría política y de las ideas.

Desde la cita inicial de Rabindranath Tagore que abre el libro (“No es tarea fácil dirigir a los hombres; empujarlos, sin embargo, es muy sencillo”), el autor no disimula en ningún momento su intención de desenmascarar a algunos de los grandes vencedores de la historia, ofreciéndonos un relato que, aunque pretende cultivar un sano distanciamiento respecto a lo contado, no oculta el desengaño que se ha incrustado en el ánimo de un autor para el que la política, pese a todo y a todos, ha constituido siempre una gran pasión.

El escepticismo y la desesperanza que nos muestran muchas de las anécdotas recogidas para ilustrar las formas que el poder ha utilizado para subordinar al pueblo -desde la democracia ateniense a la actual “dictadura de los mercados”, pasando por el absolutismo, el liberalismo o la propia “dictadura del proletariado”- no han podido acabar, sin embargo, con la “dentellada de la indignación”, como él mismo la define, ante los atropellos y las injusticias de los poderosos, de ahí que, en última instancia -la burla del déspota adquiere un carácter liberador y puede ser incluso considerado como un resorte para la acción-, no deje de apelar explícitamente a la “resistencia” como último refugio, si se quiere, para no convertirnos en "cómplices" de la barbarie.

De este modo, apoyándose en aquel pensamiento expresado por Nietzsche que decía que “el ser humano es un animal que sufre tan intensamente que tuvo que inventar la risa”, el autor avanza por la Historia sin dejar títere con cabeza. Insignes personajes como Pericles, Alejandro, Cicerón, Tomás Moro, Maquiavelo, Kant, Marx, etc. van desfilando por el libro para, finalmente, pese a partir desde presupuestos muy diferentes, a veces incluso opuestos, terminar revelándole al ciudadano actual cómo los mismos o parecidos males -la corrupción, la demagogia, el “pan y circo”, la ambición desmedida…-  se van repitiendo con independencia de la época y del sistema de gobierno vigentes.

El libro que, sin duda, goza de un gran público potencial en nuestros días, cuenta con la virtud, en este caso, de  resultar accesible y ameno ya que, como el propio autor ha afirmado en alguna entrevista,  “no se necesita tener un conocimiento técnico para entenderlo”. Si hay que señalar algún defecto es el peligro que conlleva el que planteamientos de este tipo trasladen la imagen de que todos los sistemas políticos son iguales, algo que dista de ser la pretensión de su propio autor. Que una cosa es, piensa el librófago, que haya motivos más que sobrados para ser pesimistas y otra que, abandonados al desánimo, los propios ciudadanos, valga la metáfora, entreguemos pacíficamente las armas a los mismos que más tarde nos van a disparar.

Cierro, por último, este apunte, reproduciendo la anécdota que el autor sitúa al final del prologo, pues creo que define muy bien el tono general de esta obra editada por Ariel que, si bien puede causar indigestión por lo que muestra, se lee muy bien:

“Cuenta una leyenda oriental que el emperador mongol del siglo XIV Timur Lenk (también conocido como Tamerlán), cuyos dominios se extendían desde Nepal hasta la India, desfilaba un día por Samarcanda al frente de sus tropas cuando vio a un pobre harapiento que mendigaba una limosna. Enseguida, Timur ordenó que le cortaran la cabeza.

Su bufón, horrorizado, le preguntó por qué había dado aquella orden arbitraria y a todas luces injusta, y Timur le explicó que la imagen del mendigo le había parecido una señal de mal augurio antes de entrar en batalla. Ante lo cual, el bufón no pudo sino murmurar para sus adentros:

—Me pregunto quién de los dos era de verdad un mal augurio para el otro."
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