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domingo, 9 de diciembre de 2012

LAS MEJORES PORTADAS DE 2012 (II)


Siete días después, El librófago vuelve a montar su escaparate con una nueva entrega de portadas de libros de 2012. La anterior selección tuvo una cálida acogida, tanto por el número de visitas (que auparon la entrada a lo más alto del ranking de “platos más populares”) como por algunas amables palabras que el artículo ha ido cosechando a la largo de la semana. De hecho, este post me ha servido entre otras cosas para tomar conciencia de que aunque este sea un blog modesto, casi un recién nacido, por razones que a su propio autor se le escapan, es seguido. Bien es cierto que, si nos orientamos por las estadísticas internas, muchos parecen llegar aquí por casualidad, a través de una búsqueda en Google o redireccionados de algún link extraviado y con la misma inmediatez que llegan los imagino abandonando rápidamente la página sin haber encontrado lo que estaban buscando. Pero me consta también que otros visitan El librófago con conciencia y a conciencia. Son editores y autores que tal vez, “alertados” por su buscador se asoman a comprobar de qué modo la “crítica” acoge sus libros. Y son, especialmente, lectores inquietos a la caza de nuevas presas con las que saciar momentáneamente su enfermedad librófaga. Y aunque pretenda no darle importancia al hecho, a veces, cuando alguien me comenta que va a comprar tal o cual libro porque ha visto aparecer aquí una mención, una prescripción o una reseña, siento que, a pesar de que esto sea una forma como cualquier otra de rellenar el tiempo, que más allá de que este rincón sea insignificante, ridículo en relación al conjunto de páginas culturales (revistas, blogs, programas de radio...) que se dedican a informar sobre libros, uno ha adquirido una responsabilidad que no puede intentar rehuir.

Tal vez sea esta la razón por la cual –y así de camino respondo alguna pregunta recibida a este respecto–, no me haya atrevido a aventurar una entrada sobre “los mejores libros de 2012” a secas (y no porque no me hubiera gustado encontrarme en disposición de hacerlo). Pero cuando uno es un lector constante pero disperso, termina por no saber de nada. Y si bien esto es la excusa perfecta que algunos encuentran para hablar de todo, llega uno a un punto en que piensa que resulta más honrado –so pena de no ser tomado muy en serio–, asumir que uno da para lo que da. Al fin y al cabo, ¿cuántos libros publicados en 2012 podría incluso un “profesional” haber leído? La muestra en mi caso resulta tan escueta en comparación con el universo de títulos publicados que dudo mucho de que hasta dentro de diez o quince años pudiera disponer de una base sólida para ofrecer los resultados de una criba semejante.

Quizá este hecho sea el que me haya impulsado a afrontar el más modesto (aunque igualmente subjetivo) reto de confeccionar una selección de portadas de libros, no ya como una especie de sucedáneo que opta por quedarse en la cáscara ante la imposibilidad de llegar a la nuez, sino con la sana voluntad de reconocer el esfuerzo de las editoriales en su conjunto por hacer más atractivos sus libros al tiempo que amplían el campo de batalla de la creación cultural, un territorio en que las artes plásticas, el diseño y la fotografía cooperan con un fin que si bien no deja de resultar inevitablemente comercial, termina (pensemos en esos carteles propagandísticos que hoy llenan museos y salas), a través muchas veces de incesantes recreaciones, generando pequeñas obras de arte en sí mismas.

Ni que decir tiene que aunque a la hora de realizar una selección de estas características los propios gustos literarios pueden terminar “contaminando” la mirada, la relación que pueden mantener las que consideramos como buenas portadas con los que creemos buenos libros es totalmente arbitraria. Aclaro así que algunos de los libros que más me han gustado este año no forman parte de esta selección y que, del mismo modo, alguna de las portadas presentes da la bienvenida a historias que bien no contarían con mi fiel adhesión o que, simplemente, por diferentes motivos no he leído.

Y ahora sí, después de alcanzar las 600 palabras que el administrador del blog me exige si quiero cobrar los 0’20 euros por entrada que nuestro leonino contrato establece (¿no era más fácil, como suele decirse, que ellas “hablasen por sí solas”? Tío cansino, de verdad…), les dejo con la penúltima entrada de “Las mejores portadas de libros de 2012”.

11
Kallocaína
Karin Boye
Traducción de Carmen Montes
Prólogo de Luna Miguel
Gallo Nero
224 páginas
PVP: 19 €
Fecha de publicación: febrero de 2012

12
El vivo
Anna Starobinets
Diseño de portada: Zuri Negrín
Traducción de Raquel Marqués García
384 páginas
PVP: 24€
Fecha de publicación: noviembre de 2012

13
Glaciares
Alexis M. Smith
Ilustración de portada de Alejandra Acosta
Traducción de Mercedes Cebrián
Formato: Rústica. 20,5 x 12,5 cm
152 páginas
PVP: 16 €
Fecha de publicación: 12 de noviembre de 2012 

14
Una familia normal
Santiago Gascón
232 páginas.
Formato: 20x13 cm.
PVP: 17,95€
Fecha de publicación: junio de 2012

15
¿Por qué me comprasteis un walkie-talkie si era hijo único?
Santi Balmes
Ilustraciones de Ricardo Cavolo
Formato: Tapa dura
408 páginas
PVP: 24,90€
Fecha de publicación: noviembre de 2012.

16
El deseo de lo único. Teorías de la ficción
Marcel Schwob
312 páginas
Formato: 21,5 x 14 cm 20,19
PVP: 21 €
Fecha de publicación: septiembre de 2012

17
La ciudad
Frans Masereel
Formato: Rústica. 13 x 19 cm
120 páginas
PVP: 15€
Fecha de publicación: marzo de 2012

18
Comedias y tragicomedias
Teatro Completo II
William Shakespeare
Traducción de Ángel-Luis Pujante
Formato: Tapa dura con sobrecubierta. 15 x 23 cm
1536 páginas
Fecha de publicación: 20 de noviembre de 2012

19
No despertéis al ser que duerme
Jali
Formato: Rústica con solapas
176 páginas
17 €
Fecha de publicación: septiembre de 2012

20
Barrio perdido
Patrick Modiano
Traducción de Adoración Elvira Rodríguez
224 páginas
PVP 17.95€
Fecha de publicación: septiembre de 2012

lunes, 19 de noviembre de 2012

Llega a las librerías de la mano de Nevsky Prospects 'El vivo', lo último de Anna Starobinets, autora de la aclamada colección de cuentos 'Una edad difícil'



El vivo.
Anna Starobinets.
Traducción de Raquel Marqués García.
Nevsky Prospects.
384 páginas.
PVP: 24€.
Fecha de publicación: noviembre de 2012.

Definida, “sin exageración alguna”, como la Philip K. Dick rusa, en palabras del prestigioso crítico Lev Danilkin, la autora de Una edad difícil, Anna Starobinets (1978), vuelve de nuevo de la mano de Nevsky Prospects a demostrarnos por qué es la autora más destacada de la nueva generación de escritores rusos de ficción fantástica.

Esta licenciada en Filología por la Universidad Estatal de Moscú que ejerce actualmente el periodismo en el Russki Reporter reta ahora, seis años después de que apareciera su primera obra, a sus lectores a adentrarse en un mundo que, tal y como lo conocemos, ha llegado a su fin. Tras la Gran reducción, la población de la Tierra se mantiene fija en tres billones de habitantes. Nadie muere: al final de sus vidas las personas renacen en algún otro lugar del globo; un código de encarnación mantiene la información sobre sus vidas anteriores. Ya no hay individuos, cada ser humano no es más que un elemento en una conciencia mayor: El Vivo.

Este cerebro central –núcleo de una pesadilla distópica que nos devuelve inevitablemente ecos de otras creaciones de algunos de los grandes maestros del género–, lo decide todo: dónde vivirán las personas, cómo será su trabajo, cuánto tiempo se les permitirá sobrevivir en su encarnación actual... Hasta que nace un ser humano sin código, y todo el sistema planetario se ve amenazado... 

En el prólogo al celebrado Una edad difícil, obra finalista del Natsionalny Bestseller, el escritor Ismael Martínez Biurrun señalaba que aunque “a menudo se nombra a Stephen King y a Neil Gaiman entre sus influencias, lo que esta joven acepta con entusiasmo de fan”, Starobinets, no prescindía de sus propias raíces, toda vez que  en esos cuentos latía la presencia de “Gógol, Bulgákov y el mejor cirujano-basurero mundial de la obsesión humana, Fiódor Dostoievski.”

Esta simbiosis convierte en especialmente interesante la obra de esta autora que ha sido también calificada en su país como “la Petrushévskaia de la nueva generación”. Se da, además, la coincidencia de que como en esta maestra de la literatura fantástica contemporánea – autora de la necesaria colección de relatos Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina–, también Starobinets ha cultivado la literatura infantil. Como Shirley Jackson o Joyce Carol Oates, dicho sea de paso.
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